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implantacion curricular
Tecnología educativa 2 de diciembre de 2016

Un nuevo alfabeto: aprendiendo a leer y escribir [código]

El número de artículos divulgativos, académicos y de opinión en torno al puesto que la tecnología en la implantación curricular tiene, y ha de tener, en la educación del siglo XXI son numerosos. Recientemente podíamos leer en un diario digital de gran tirada uno dedicado a Ali Partovi, figura de referencia en este tema. Los argumentos que Partovi esgrime son ya un lugar común en el debate de la tecnología y la educación. Por eso mismo yo pondría el foco en el debate abierto al respecto y en el que se marcan ya claramente dos posiciones contrapuestas.

Solo con echar un vistazo a los comentarios que genera el citado artículo de prensa, podemos comprobarlo. De forma resumida, tal vez simplista, las dos posturas se colocan detrás de los siguientes enunciados: una persona que desconozca lenguajes de programación quedará al margen de muchas oportunidades laborales y por ello se convertiría en lo que sería un nuevo tipo de analfabetismo. La otra sostiene con igual fervor que en una sociedad donde los objetos inteligentes son tan avanzados no tiene sentido tener que conocer su forma de programación para poder usarlos; es decir, el uso fácil, intuitivo, de dichos objetos es, y lo será aun más, consustancial a su diseño y ello mismo es lo que nos permitirá disfrutar de sus posibilidades. En esta última posición se enmarcan también quienes, sin restar interés a cualquier nuevo tipo de conocimiento, alegan que no hay justificación para quitar horas lectivas a otras materias igualmente importantes.

Podríamos asistir a este debate de forma desapasionada, tal vez con interés pero desde la barrera, si no fuera porque estas dos posiciones extremas, sin menoscabo de sus posibles aciertos, están de hecho ensombreciendo las posibles posturas intermedias. Por ejemplo las de los que valoramos todo aquello que no es pura tecnología, las de los que nos gusta seguir leyendo libros en papel, nos gusta la historia o no olvidamos la importancia de las relaciones humanas analógicas y sin embargo vemos con mucho interés todo lo que el aprendizaje de la programación aporta.

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Creo que ayudaría a situar el debate en términos más productivos si en lugar de esgrimir razones enunciadas en clave negativa lo hiciéramos en clave positiva, lo que se llama formular las amenazas en clave de oportunidades. Por ejemplo, amenaza: “Si no conoces el lenguaje de las máquinas te quedarás al margen de todo y no encontrarás trabajo”; oportunidad: “podrás construir interfaces para gestionar tu actividad en la red, crear sencillas apps para facilitar tus tareas tanto personales como en el trabajo, organizar y filtrar los datos, configurar de forma personalizada las aplicaciones de otros, programar gadgets, objetos semi-inteligentes o domóticos para gestionar tu casa…”

Son tantas las oportunidades que ni merece señalar las amenazas

Incluso únicamente considerando las oportunidades más evidentes ya merece la pena conocer los entresijos de la creación de código informático. En la época de la informática de grandes sistemas de uso industrial tal vez, pero en la actualidad parece difícil que podamos sacar partido a los grandes avances de la tecnología sin saber cómo usarla plenamente y, cada vez más, un uso pleno de tales dispositivos digitales (físicos o virtuales) implica un nuevo alcance del concepto “usar”. Pero es que esta justificación no tiene su mayor virtud en que disfrutemos al máximo de las posibilidades de uso de estos objetos. La justificación cobra más sentido si nos atenemos a que es bueno que nuestros hijos no se conformen con usar las cosas cuando están en situación de poder comprenderlas, cambiarlas, ¡re-programarlas!

Esta es una de las principales razones (hay otras muchas como por ejemplo las referidas en este interesante artículo sobre programación y mejora de aprendizaje en otras áreas) por la que apoyamos la implantación curricular de la programación en la educación primaria: que de forma temprana vayan configurando su modo de pensamiento para entender el cómo de los objetos digitales; que ante ellos se vean a sí mismos como creadores de soluciones y no tanto usuarios de objetos o servicios.

Fuente: El Pais, 21 Noviembre 2016.
www.economia.elpais.com/economia/2016/11/15/actualidad/1479208953_154341.html